Gestión del agua en el Ministerio de Ambiente y Agua, ya no es prioridad

Por: Luis Olmedo Iza Q.
Kichwa / Pueblo Panzaleo
Mayo 01 de 2020

La gestión del recurso hídrico, en la nueva estructura del Ministerio de Ambiente y Agua, queda relegada a un tercer plano. Mientras que el mundo le da la importancia necesaria para la consolidación de una institución sólida y eficiente en la gestión de los Recursos Hídricos, el Ecuador va contracorriente.

En la fusión del Ministerio del Ambiente con la Secretaría del Agua, se nota un enfoque demasiado simple, únicamente como un proceso relacionado con lo financiero y administrativo, relegando a una tercera categoría el concepto de Autoridad Única del Agua y de su Rectoría en la Gestión y Administración de los Recursos Hídricos.

La tendencia mundial es darle la importancia necesaria a una institución con el más alto nivel jerárquico en la gestión del recurso hídrico. Pero en el caso Ecuatoriano, la nueva estructura del Ministerio del Ambiente y Agua contempla: Ministro, Viceministerio de Gestión Ambiental y Desarrollo Sostenible y en tercer rango inferior la Subsecretaría de Recursos Hídricos con tres Direcciones Nacionales y no hay claridad aún en la estructura territorial. Esto no se compadece con la importancia que tiene el agua para la vida.

El agua es el motor de la vida y de la economía. “Podemos vivir sin petróleo, sin luz eléctrica pero sin agua no” decía un dirigente comunitario. A más de servirnos para cocinar, bañarnos, asearnos la boca, es decir para las cuestiones básicas del ser viviente, es el motor que mueve la economía de la humanidad; con ella se genera la producción de alimentos, se mueven las turbinas de las centrales hidroeléctricas y ellas la maquinaria hasta para elaborar nuestra vestimenta. La calidad del agua del mar donde se produce la alimentación, depende de la calidad del agua que va desde los andes, el agua es todo.

Muchas actividades estratégicas están pendientes en el tema del agua: No se ha concluido el inventario de recursos hídricos, es decir no sabemos cuánta agua superficial y subterránea tenemos, con ello no se puede planificar la gestión del agua de consumo, de riego, para la industria, hidroelectricidad, etc.  No sabemos la localización, los volúmenes y la calidad de agua subterránea en el territorio ecuatoriano. Las fuentes de recarga hídrica tan importantes en el abastecimiento del agua están desapareciéndose por acciones humanas. Hay otras tareas pendientes con el enfoque de manejo integral e integrada de los Recursos Hídricos como reza en la Constitución del Ecuador y la Ley Orgánica de Recursos Hídricos Usos y Aprovechamiento; como el fortalecimiento de las organizaciones comunitarias del agua, poner en marcha el Plan Nacional de Riego enfocado en la producción de alimentos, cumplimiento de la implementación de la Misión Agua Segura y Saneamiento, que fue generado porque casi la mitad de los ecuatorianos consumimos agua no tratada lo que produce la desnutrición, políticas para la descontaminación de las aguas y otras acciones estratégicas.

Hay un punto clave para salvar el agua de la imprudencia con que actúan algunas empresa mineras, es el -certificado de no afectación a los recursos hídricos-, que emite la institución rectora del agua, antes de cualquier proceso de actividad minera, para ello se requiere de un equipo humano lo suficientemente importante tanto en cantidad, profesionalismo y en la ética, para elevar un informe aprobando o negando la petición de las empresas mineras que exigen su “derecho minero”.

La riqueza del Ecuador está en el agua y puede sacarnos del subdesarrollo, con una institución que tenía el rango de Ministerio y ahora con la categoría de una Dirección Nacional, dudo que pueda cumplir ese rol.

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