El ser comunitario frente a la crisis sanitaria global

Por: Rosendo Yugcha Changoluisa
Pueblo Kitukara, Comunicador Social
Desde el barrio
Abril 9 de 2020

Y el virus se volvió “comunitario”, es decir, ¿ya no es culpa de la lentitud, desidia e incluso soberbia de los gobiernos? Y entonces, ¿es nuestra esencia la que nos salvará o nos condenará como especie? Estamos frente a un dilema civilizatorio mundial que no empezó a fines del año pasado en China pues se viene la etapa post pandemia. Esta es una batalla más de supervivencia de la humanidad, en donde nuestro sentido comunitario, acallado por un capitalismo en crisis, tiene que resurgir.

Si lo comunitario, desde los saberes ancestrales, fortalece la singularidad en su encuentro permanente con los otros en las prácticas comunitarias; pues, se contrapone totalmente con interpretación de “amenaza” que surge ante la expansión de un virus importado que ha llegado al país, para evidenciar la fragilidad de nuestro sistema de salud. El COVID 19 está llegando a los barrios donde las afectaciones, las reacciones pero también las propuestas nacen desde esa primera dimensión saludable de lo comunitario. Hablaré desde uno de ellos.

Desde el barrio Ferroviaria Alta, suroriente de Quito, como parte de un colectivo, comunicador y gestor cultural comunitario, podemos afirmar que la declaratoria de emergencia sanitaria ha afectado a nuestra gente en tres derechos fundamentales: el derecho al trabajo por la pérdida del empleo, la restricción vehicular y el toque de queda, que impiden generar recursos permanentes para el sustento de nuestras familias; el derecho a la soberanía alimentaria por el incremento del costo de la canasta básica y el acceso restringido a los mercados y sitios de abastecimiento; finalmente, el derecho a una educación integral y de calidad por la suspensión de clases presenciales en todos los niveles.

La gente de nuestros barrios ha reaccionado frente a estas afectaciones en la misma medida en que han sido impuestas por los gobiernos locales y nacionales, es decir, bajo la imposición de un sistema de libre mercado imperante en la sociedad. La falta de empleo ha incrementado la cantidad de vendedores ambulantes: en las afueras de los mercados y sitios de confluencia se ve a niños e incluso adultos mayores buscando sobrevivir aún con el riesgo de ser contagiados. Así también, los dueños de tiendas, comerciantes autónomos y otros, expenden antes del toque de queda alimentos, mascarillas, guantes, eucalipto, en las puertas de sus casas y en las calles.

El incremento de precios y la ausencia de recursos han despertado la solidaridad de grupos de vecinos organizando colectas o gestionando las ofertas públicas y privadas de canastas para las familias más vulnerables. Frente a la suspensión de actividades educativas, padres, madres, abuelos, hermanos, tíos, etc., en la medida de sus conocimientos, acceso y manejo de las tecnologías hacen de maestros improvisados que buscan ayudar a los estudiantes en sus tareas.

Para contener mayores impactos negativos para la población de nuestros barrios consideramos que, ante la falta de empleo se debe reorientar los presupuestos fiscales y privados para: incrementar los beneficiarios de bonos de emergencia y canastas de asistencia, desarrollar planes de crédito para mantener y generar empleos y evitar más despidos. En cuanto a la alimentación: desarrollar campañas de concientización sobre la importancia del “consumo responsable” y “alimentación nutritiva” para fortalecer el sistema inmunológico como primera barrera para contener y superar el riesgo de contaminación.

En cuanto a la educación: una planificación del teletrabajo de los docentes con procedimientos claros de aplicación, seguimiento y evaluación, generando una corresponsabilidad de los padres, madres y representantes; además, invertir en campañas de sensibilización online y franjas educativas en los medios masivos articuladas con el pensum y programación curricular nacional, dirigida a estudiantes pero también a las familias para revalorizar su poder educativo. De esta manera el “quédate en casa” no será cuestión de disciplina sino de cambio cultural.

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