Quitollacta

Por: Ileana Almeida
Filóloga
Diciembre 4 de 2019

Caminando por el actual centro histórico de Quito y recordando ciertas evidencias arqueológicas recobra la ciudad algo de su pasado y se entiende mejor su presente.

En Quito se repiten patrones tecnológicos, mítico-religiosos, artísticos de otras urbes incásicas como Ollantay Tambo, Aucaylle (San Jerónimo) y el propio Cuzco.

Gustaban los incas recostar sus moradas en las laderas de las montañas para utilizar el agua que corría desde vertientes de altura y en los sitios más altos se construían los baños del Inca. Aquí, en la chorrera del volcán Pichincha comenzaban los dominios de Huayna Capac, cuyos vestigios hidráulicos han sido descubiertos por investigadores como Max Uhle.

La ciudad se desliza hacia planicies artificiales con canchas, mansiones y templos incas, rodeadas de muros altos y cerrados para protegerlas. Cuando fray Jodoco Ricke llega a Quito en 1535, después de Sebastián Benalcázar informa a las autoridades españolas que se hospedaría en lo que “quedaba de los aposentos del Inca Huayna Capac”, esto es en el sitio donde se levantan la iglesia de San Francisco, sus capillas, el monasterio y la plaza.Es posible que los claustros del convento hayan reemplazado a las canchas que recordaban a los patios de las casas andaluzas. Descendiendo por la ladera, se llega a otra explanada, la actual Plaza de La Independencia, donde quedaba la cancha del inca Atahualpa, aún hay piedras de un muro incaico en el zócalo del palacio de Carondelet.

Huayna Capac y su hijo Atahualpa reinaban, hacían justicia y organizaban la guerra desde el Hanan Quito (Alto Quito) que se extendía desde el Panecillo hasta la colina de Toctiuco, rebautizado como San Juan. Es posible que en el Urin Quito (Bajo Quito) se haya localizado el Cori Cancha (templo del sol)en el lugar del Colegio de los Sagrados Corazones. Si se considera que los españoles no solo destruyeron, sino que además sustituyeron, podríamos pensar que se quiso ocultar para siempre el sacrificio ritual de las llamas, a las que se les extraían los corazones.

La ciudad se anima con el recuerdo de una bella joven inca. Recorriendo la calle Cuenca, uno de los límites de la plaza de San Francisco cuando ya se trazó la ciudad colonial, podemos imaginar el esplendor del cortejo de la mujer que, según el cronista Pedro Cieza de León, fue bautizada con el nombre de Francisca y casada con el capitán Diego de Sandoval.

Era hija de Huayna Capac y llevaba el título de Coya (reina) porque quizás estuvo destinada a ser esposa de Atahualpa. Doña Francisca Coya era muy hermosa, vestía con ricas telas, de chumbi y tucapu, llevaba los áureos símbolos reales que correspondían a su linaje, la transportaban en andas y la protegían con quitasol de plumas. Cada vez que salía de su casa la acompañaban varias señoras, hijas de curacas, que cubrían con sus mantos el trayecto que iba a transitar.

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