Lenguas ancestrales: más allá del habla y la escritura

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Por: Alliwa Pazmiño Perugachi
Kichwa Otavalo. Comunicadora Social
Noviembre 7 de 2018

Con la constitución del 2008, el Ecuador se reconoce cómo un Estado Plurinacional e Intercultural. En este marco se ratifica la exclusividad del español como lengua oficial, mientras que el kichwa, el shuar y otra vez el español, son declaradas lenguas de relación intercultural. A las otras lenguas minorizadas se las reconoce como lenguas de uso oficial en sus territorios. Aunque después de una década este nuevo estatus sigue siendo una aspiración práctica, representa sin duda, uno de los avances que se ha logrado como parte de las luchas de los Pueblos y Nacionalidades de nuestro país.

Ahora bien, dentro de todo ese proceso, en un contexto de fuertes cambios sociales, culturales y políticos de las últimas décadas, las lenguas minorizadas siguen siendo desplazadas y sustituidas por el español, muy a pesar de que ciertos grupos debido a sus procesos sociales o su conciencia cultural y lingüística están generando iniciativas y acciones para revitalizar la lengua, promoviendo su uso en distintos dominios comunicativos. Al proceso de desplazamiento y sustitución, contribuyen factores como la expansión de los medios masivos a las comunidades a través, sobre todo, de la televisión y el internet; el mejoramiento de la infraestructura y los servicios estatales y, como consecuencia de lo anterior, una relación más estrecha entre el campo y la ciudad. Por otro lado, existen contextos sociolingüísticos muy variados. Se observa usos prácticos de las lenguas en un espectro que va desde una notable lealtad lingüística hasta contextos de bilingüismos pasivos en que, por lo menos, un buen segmento de la comunidad sabe hablar una lengua minorizada, pero prefieren usar la lengua dominante en las interacciones cotidianas. Desde estas variadas situaciones, las políticas de revitalización lingüística conllevan grandes retos. En primer lugar, toda iniciativa de revitalización lingüística debe ser formulada desde la práctica; es decir, no son suficientes los discursos que llaman a usar las lenguas minorizadas sino, sobre todo, al hacer esos llamados se debe usarlas en todos los espacios. Hacer lo que se predica en el mismo acto de predicar.

Un requisito o una condición de las iniciativas de revitalización es la consistencia. Se debe predicar con el ejemplo. Son conocidos algunos “colectivos” que revelan inconsistencias y contradicciones evidentes. Públicamente, aparecen como grandes defensores de las lenguas indígenas; pero, privadamente, dentro de sus hogares, promueven bilingüismos europeizantes. No quiero decir, desde luego, que estos últimos sean negativos. En un mundo globalizante e interconectado como el de hoy saber más de una lengua es un recurso vital. Lo que quiero decir es que debe haber coherencia en las políticas lingüísticas que uno promueve, pública y privadamente. Sin esta coherencia discursiva y práctica, es fácil pensar que solo buscan notoriedad política a través de la “defensa” de las lenguas indígenas.

 En la actualidad, se observa que el kichwa, por ejemplo, se ha logrado posicionar en algunos espacios públicos. Es un avance, sin duda, pero todavía muy limitado. Son iniciativas que merecen apoyo, pero son puntuales y no están articuladas a una política lingüística más amplia y sistemática.

Como resultado de los cambios culturales y sociolingüísticos, antes mencionados, han surgido situaciones problemáticas que se debe considerar al momento de promover políticas de acción afirmativa en distintos ámbitos, sobre todo, cuando el requisito es el bilingüismo español-lengua minorizada. Es necesario traer a la palestra, por ejemplo, el hecho que una persona que se autoidentifique como kichwa no quiere decir, automáticamente, que tiene conocimiento de la lengua kichwa. Identificarse como kichwa o como shuar, no quiere decir, necesariamente, que es hablante de las lenguas correspondientes. Por otro lado, hay grados de bilingüismo, siendo el bilingüismo coordinado y funcional, el dominio equilibrado de dos lenguas, v.g kichwa-español. Esta observación es útil, cuando se trata de hacer, por ejemplo, la función de traductor kichwa-español o viceversa, o acciones relacionadas con temas de EIB. En el servicio público, la función de esta equivalencia por parte de ciertas autoridades ha llevado a pensar que es suficiente tener personal indígena para garantizar la comunicación en dos lenguas y darles funciones como intérpretes. Alguien que solo dice entender una lengua minorizada, difícilmente puede hacer de intérprete, traductor, profesor o alguien que contribuya al desarrollo de la misma.

En la situación actual de nuestras lenguas, es primordial entender otro factor: saber hablar muy bien una lengua minorizada es diferente a saber escribir. Saber escribir implica el dominio de una tecnología: la escritura. Esta habilidad se logra a través de la alfabetización escolar; es decir, en qué lengua aprendimos a escribir en la escuela y en los niveles siguientes. Muy a pesar de los esfuerzos que se hayan hecho en EIB, hemos aprendido a escribir en español. La habilidad de escribir en kichwa se puede lograr también a través de un proceso sistemático de entrenamiento.

A propósito del uso del Kichwa en las redes es urgente preguntarse ¿se debe escribir como quiera nuestra lengua? ¿O debemos hacer un esfuerzo por cuidar el estilo, la claridad e inclusive su ortografía en construcción? ¿Podemos contribuir con el uso apropiado de nuestra lengua en las redes como un aporte a su elevación de estatus y su revitalización?

Traigo aquí una cita de Mari Jones y Damian Mooney (2017), que ha estudiado la creación de sistemas ortográficos en el mundo. “La creación de nuevos sistemas ortográficos es a menudo considerado un componente clave de los esfuerzos de revitalización lingüística. La capacidad para codificar una lengua en peligro puede facilitar la implementación de programas de habilidades de lectoescritura, que intenten revertir los cambios lingüísticos al facilitar la enseñanza y el aprendizaje”.

Y añade, Mooney, un elemento que creo que es muy útil para pensar los retos actuales de las políticas lingüísticas respecto a nuestras lenguas: “en las comunidades de habla que son fragmentadas dialectal y geográficamente, un sistema de escritura común puede reforzar el estatus y el prestigio de una lengua en peligro y puede ayudar a crear un sentido de identidad unificada”.

Nuestras lenguas, jerarquizadas y todo, tienen un estatus constitucional favorable. Las situaciones sociolingüísticas son variadas y muy complejas que exigen coherencia, consistencia y un conocimiento más fino a la hora de las decisiones y las acciones. La lengua kichwa merece estar en el mismo nivel que cualquier otra lengua tanto en sus dominios de uso cuanto en las habilidades comunicativas individuales como requisitos para desempeñar distintos roles en los contextos donde vivimos y actuamos. Uno de os grandes retos es prepararnos en el conocimiento de nuestra lengua, aprenderla si no sabemos, como condición ética de la promoción y revitalización lingüísticas.  No es suficiente con que se hable una lengua; es necesario usarla en los diferentes espacios del conocimiento y de la comunicación cotidiana. Por ello, una lengua en la escritura debe cuidar sus formas, su estructura gramatical y mediante ello contribuir al uso y al desarrollo de la misma.

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3 thoughts on “Lenguas ancestrales: más allá del habla y la escritura”

  1. Me parece muy acertado el comentario acerca de que utilizan la defensa de la lengua quichua como tarima política, pero, en lo referente a la utilización del idioma quichua, pues yo creo que se debería empezar por casa con la práctica de ese idioma. Pues no veo o leo ninguna palabra en quichua. Aparté de kichwa. pues no veo este mismo articulo escrito en esa lengua materna.

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