Nayón pueblo milenario, una historia no contada…[1]

Por: Aymé Quijia Luguaña
Pueblo Kitukara
Septiembre 10 de 2018

“…Nacimos de la tierra, de los montes y los valles, abrimos con la yunta nuestros surcos milenarios, abrigamos en las pampas nuestras semillas de sueños, que enraizaron y crecieron dando nueva vida, llenando de brotes, de flores, frutos y cosechas propios en nuestros territorios. Labrando la tierra con nuestro trabajo, que hizo que sus hombres, mujeres y niños seamos parte de la ruralidad de nuestros pueblos, nacimos como Kitu Karas, nos forjamos como campesinos y hoy somos jardineros y nativos de nuestras localidades, orgullosos de nuestro origen.

Nuestros abuelos y abuelas nos dieron la herencia de ser arrieros, de caminar por los culuncos y chaquiñanes, de recorrer los flancos de montaña sus cargas a cuestas para ser reconocidos como los nayones, viajeros por todo el país buscando la vida como formas de subsistencia a través del tiempo. Somos hijos del maíz, de las montañas, de la canela y de la naturaleza, que es parte de nuestra llacta por tradición y memoria, que perdura generación tras generación en nuestra memoria haciéndonos sentir dignos de ser nayonenses, pueblo de resistencia, trabajo y fortaleza por historia y tradición…”

Al hablar de Nayón, una parroquia rural , con raíces del pueblo Kitu Kara, es visibilizar la esencia de los denominados “pueblos naturales”, que se encuentran cerca de la ciudad de Quito, y que fueron perdiendo parte de su identidad precisamente por la discriminación a su gente, que de ser indígenas pasaron a denominarse campesinos como forma de “autodefensa”, y hoy solo del 3 al 5% definen su auto identificación como Kitu Karas, de origen Kichwa, a pesar que aún el 60% de su  población tienen y tuvieron abuelitos/as , bisabuelos/as de anaco, pantalón de liencillo, poncho, alpargatas de cabuya, que entienden el Kichwa y aún la recuerdan.

 A pesar de esta contradicción, los habitantes nativos mantienen ciertas tradiciones como nombres Kichwa, personajes, raigambre histórica, memoria colectiva, imaginarios propios, que no ocultan sus orígenes de su identidad y día a día se acercan más a volver al reconocimiento escondido de manera silenciosa.

Santa Ana de Nayón, parte de las 33 parroquias rurales del Distrito, ubicada a 15km, de Quito, en la estribación del cerro Guangüiltagua a orillas del rio San Pedro,  pueblo descendiente de los Zámbizas, hijos de la madre parroquia milenaria (Zámbiza y su anejo Nayón en 1642, pertenecían  a la encomienda del Capitán Rodrigo de Salazar, según el libro de censo a favor del Cabildo año 1584-1630), tierra de mitayos, obrajes, cacicazgos, mitmas, donde forjaron el comercio, la arriería y la agricultura, donde se consolidaron parcialidades de  nativos rebeldes, que aún mantienen su característica crítica e inquebrantable.

Nayón cuyo nombre significa según Aquiles Pérez, cosquilla, airarse, maíz chiquito dulce, nombre de origen araucano, mientras que según Chávez Oleas, complementa que Nayón se integró a los Nayontanta y Collaguaso, procedían de etnias sureñas.

Considerando, además que 1691 al 1699 existían señoríos étnicos, tales como: Pedro de Zámbiza, Juan Lincango, Miguel Yancha, Tomás Anaguano. Estos dos últimos relacionados con Nayón. Además, existián apellidos como Muso, Pillajo, Suquillo, Tituaña, Sotalín, Quijia, Anaguano, Ñaupa,  Simayline, Gualoto, Juiña, Lema, entre otros, únicos del lugar.

Hay que considerar que fueron parte  de los “aguateros” y “capariches” de la época colonial, que llevaban agua en pondos en los primeros casos y en el segundo barrían las calles de la ciudad, por encontrarse a cinco leguas de Quito era su obligación, los nayones se negaban hacer estos oficios.

Cuando se establecieron los obrajes, batanes y molinos salían a trabajar en ellos los hombres mientras las mujeres se dedicaban a la agricultura, en la mayoría de los casos. Pero hubo, un grupo importante que se empezaron a dedicar al comercio, arriería, resistiéndose a los cambios culturales, a la dominación, buscando la identidad y autodefinición como pueblo ancestral y rebelde.

Nayón se convirtió en parroquia rural el 19 de diciembre de 1935, pasando a ser independiente administrativamente, fortaleciéndose el comercio especializado tanto interno como externo, el trueque, el cambeo y la compra, saliendo al noroccidente, al oriente y localidades de Quito.

De 1920  a 1980 se dedicaron a la agricultura de subsistencia con la producción del maíz en su mayoría, hierbas, frutales, con el comercio Nayón fue cambiando no solo llevaban productos sino los traían ishpingo, canelas, naranjilla, achiote, pilches, plantas , dando paso así a varias actividades como el comercio y aparecimiento de las vendedoras de aliños, al comercio de plantas ida y retorno, productos de tierras calientes, maceteros, abonos para ser hoy los habitantes que embellecen la capital al ser el Jardín de Quito, pasando de la agricultura del maíz a la agricultura de las plantas, del comercio del ishpingo, canela al comercio ornamental, frutal y su segunda fortaleza la gastronomía.

 Hoy por hoy un parroquia rural definida como campesina, con identidad milenaria que no puede negar que son hijos del maíz, de la tierra ancestral, y de descendencia Kichwa por siempre, a pesar de haber cambiado su actividad comercial.

… parroquia rural, con raíces del pueblo Kitu Kara, esencia de los denominados “pueblos naturales”. Ubicada cerca de Quito, fueron perdiendo parte de su identidad por la discriminación, de ser indígenas pasaron a campesinos como forma de “autodefensa”. Hoy del 3 al 5% se autoidentifican como Kitu Karas, aunque el 60% de su población tienen y tuvieron antecesores de anaco, pantalón de liencillo, poncho, alpargatas de cabuya, entienden Kichwa y aún la recuerdan…

[1] Serie ruralidad

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