Los museos vivientes

Por: Semu N. Saant
Nacionalidad Shuar
07 de agosto de 2018

“Los Shuar que antes cortaban la cabeza
ahora están unidos, para cortar la cabeza de la ignorancia, en primer lugar, de la
injusticia. Somos capaces de poder razonar, de poder afrontar, para poder resolver
los problemas a base de las razones y sin ninguna violencia” (Tankamash, 1983)

Voy a entregar una nueva perspectiva sobre lo ya dicho, aunque lo inédito pocas veces ayuda a girar el escenario, pocas veces nos abre una ventana; la tarea de escribir me obliga a darle al lector algo a cambio de su atención. Después de escuchar música, viajar un poco, ver, hablar… estoy preocupado. Me preocupan las noticias en la televisión, en los periódicos, me preocupan los artículos, las crónicas, los titulares, me causan intriga las “opiniones light”, y tal vez, veo innecesario tanta querella, tanto afán de encubrir intereses personales a costa del espíritu de todos.

“Aún somos niños, necesitamos guías, no podemos por nuestra cuenta…” Esto es, lo que los de afuera (los no indígenas) esperan escuchar de este diverso colectivo que para bien o para mal están delimitados con el rótulo de indígenas, aunque lo preciso sea decir nacionalidades, pero esa es otra historia. Lo absurdo es, además, el pensamiento de los indígenas, que en su mayoría y en la mayor parte de los eventos cotidianos piensan que la primera línea es indiscutible.

Con la complicidad de nuestra propia gente, autoproclamados intelectuales “progresistas”, profesionales “inclusivos”, académicos, líderes, políticos, autoridades, entre otros personajes, nos han reducido a los “indígenas” y a lo “indígena” a una suerte de específicas características (como un aparato electrónico sin vida) sin posibilidad de admitir cambio o defensa alguna. Entiendo que esto resulta chocante, más cuando como sociedad tendemos a ocultar todo en lo políticamente correcto. ¿Cuáles son esas especificaciones que limitan lo indígena?  Si te hiciste la pregunta vamos bien, si no, sigue leyendo.

La Amazonía tan saqueada y maltratada tiene su centro de contrastes en Morona Santiago, cualquiera que ha viajado y conozca la Amazonía más de allá de Tena o Misahuallí puede compartir mi afirmación.  Estos contrastes se presentan visible e invisiblemente en todos los aspectos, ámbitos, y espacios de vida. El racismo, la pobreza, la insalubridad, el analfabetismo tiene números elevados. Claro que si conocemos a la gente que habita Morona Santiago encontraremos cualidades y aptitudes que nos devuelvan la esperanza. Entonces, los cuatro problemas mencionados anteriormente tienen su ápice en la población indígena, en la gente de la Nacionalidad Shuar, querer negarlo o maquillarlo sería imprudente y egoísta. Por tanto, para mejorar estas condiciones de vida se han compartido y propuesto (desde diversos sectores) diversas alternativas. Es increíble como la gente que dice estar en contra de la minería y la explotación de recursos naturales son financiados precisamente con recursos que provienen de esta actividad, y esta oposición se basa aparentemente en su enorme amor por la naturaleza. Lo irónico del amor a la naturaleza de estas personas es su aparente (porque según ellos no) olvido del ser humano, en este caso los más vulnerables, la gente Shuar. No entiendo cómo esperan que la gente esté feliz sin medicina, educación, alimentación, recreación, comunicación, étc, mientras estos “activistas e iluminados” comparten su amor por la naturaleza desde la comodidad de las ciudades, con autos alimentados de gasolina, celulares de última tecnología, con altos salarios, étc. ¿Acaso no queremos que todos podamos vivir bien en un estado intercultural? O es que, ¿el “vivir bien” significa para algunos vivir bien a costa de otros?

La respuesta es ¿no? En una entrevista televisada en Morona Santiago un personaje amante de la naturaleza, de su salario y al parecer no de la gente Shuar visibilizó claramente su racismo y pensamiento arcaico de cómo son los Shuar; esto sería, necesitados de guía, incapaces y lo más importante: museos vivientes. Es decir, a los indígenas nos reducen a los estereotipos folclóricos que aparecen al encender la televisión. Es necesario usar la vestimenta, hablar el idioma, comer la comida “ancestral”, escuchar la música ancestral, bailar la música ancestral, practicar todo lo ancestral, dejar que nos tomen fotos y que las exhiban en museos o páginas web, es decir somos animalitos exóticos para un deleite foráneo, lo peor no es que aparentemente sea necesario hacer esto para ser indígena (Shuar en este caso), sino que es lo ÚNICO que los indígenas somos o podemos hacer. ¿Cree que los indígenas podemos ser y hacer más de lo anteriormente descrito, cree que podemos ir más allá de museos vivientes? Le voy a ayudar a responder y entender las dos preguntas.

Las actividades laborales (trabajos) en los que los indígenas están empleados siempre comparten una serie de aspectos, condiciones y funciones (sin olvidarnos de que hay excepciones, excepciones). Traductores, bailarines, músicos, curanderos, “adivinos”, pintores, artistas, obreros, ayudantes, recolectores… son al parecer las únicas actividades que puede realizar un indígena, pues la practica de las profesiones parece ser destinada a “otros más capaces”. No creo que sea necesario mencionar que ya existen profesionales indígenas en diversas áreas desde hace mucho tiempo, y que en su mayoría solo sirvan para llenar cuotas de inclusión y todo su conocimiento se reduzca a su habilidad de ser traductores, esto claro, se da en el espacio público y privado.  Es interesante ver como el espacio laboral y la sociedad no se preocupa al ver a un indígena médico, abogado, economista, sociólogo, laborando como traductor, y no porque aquel aspiraba a ello, sino porque es la única oportunidad a la que tiene acceso. Esta visión de que los indígenas somos o debemos ser museos vivientes es alimentada desde nuestro lado también, pues muchos personajes públicos se escandalizan con aceptar “nuevas” formas de identidad, sino aspiran a que los indígenas deben cumplir con las características de lo indígena y quien no cumpla con uno o varios requisitos nos es indígena. Esto precisamente ha hecho que muchos indígenas decidan definir su identidad como mestizo y no como indígena, pues en primera, se trata de un asunto de oportunidades, de acceso a un mundo más flexible y amplio; a diferencia del reducido espacio indígena y para lo indígena.

Acostumbro a terminar un escrito con una pregunta, después de presentar muchas interrogantes durante esta lectura, prefiero no hacerlo. Considero que el querer que los indígenas (o las nacionalidades) nos limitemos a esta suerte de museos vivientes únicamente demuestra el egoísmo, falta de empatía y apego al poder de quienes comparten aquella visión. Desde mi terca y fugaz voz debo indicar mi claro rechazo a esta posición reduccionista (literalmente) del individuo indígena. Los indígenas no son niños buscando la aprobación de sus acciones, o necesitada de supervisión de “alguien mejor”. Los indígenas no es un conjunto de traductores. Los indígenas son capaces en cualquier ámbito, profesional, político, económico, étc, las historias, aunque de momento pocas, se van solidificando y aumentando. Los tiempos cambian, para todos, es momento de que el buen vivir, sea de verdad, el buen vivir para todos.

2 pensamientos sobre “Los museos vivientes

  1. La última frase sobre buen vivir paras todos me obliga a pensar que hay diferentes tipos de buen vivir. Un citadino tendrá un concepto de buen vivir: profesión, tecnologías etc. Para un campesino será otra forma de buen vivir. No vivo en la selva, viví en el campo solo en la juventud. Hoy en la ciudad tengo mi concepto de buen vivir, Cómo será el concepto de buen vivir de un Taromenane? Para él tal vez la explotación del Yasuní implicará un mal morir. No todos podemos aspirar al mismo buen vivir. Queremos respetar la naturaleza, queremos no tomar de ella más de lo necesario y queremos preocuparmos por nuestros congéneres. Vamos buscando buenos vivires para todos los pueblos.

  2. En realidad es un hecho concreto el que existan diferentes tipos de buen vivir, lo que busco precisamente es que las personas puedan comprender que existen diferentes formas de buen vivir, y diferentes formas de ver la vida.

    Como individuos nuestros conceptos personales se modifican con el paso del tiempo (incluyendo lo que pensamos sobre «buen vivir»), eso no puede de ninguna manera justificar el que mi forma de ver al buen vivir sea el válido. Al menos el buen vivir debe considerar en garantizar la ejecución de derechos mínimos como la vida, la alimentación, el trabajo, la recreación y el hogar. Ningún tipo de buen vivir puede excluir uno de estos aspectos, el cómo se interprete al hogar, a la recreación, al trabajo, étc ya es un asunto justamente del concepto de buen vivir que se esté compartiendo como individuo.

    Por último creo que quiénes deben decidir su modelo de buen vivir son las sociedades/comunidades humanas,,en realidad sólo los Wao, los franceses, los bolivianos; sólo ellos pueden decir como vivir, como ven a la vida, pero pretender afirmar que ellos escogieron una forma de buen vivir (sin conocerla) es un acto egoísta, en realidad a muchas culturas se les quiere imponer una forma buen vivir visto desde afuera, en el caso de los Wao Taromenane (que de pueblo aislado ya no queda casi nada) se les quiere imponer una visión folklórica, con la que yo nunca estaré de acuerdo. La única posibilidad de escoger adecuadamente las normas y metas de vida para una sociedad es la información (formación/educación), y la principal verdad es que el mundo contemporáneo no es el mismo que hace 500 o 200 años y la interrelación de culturas desde hace mucho tiempo modifica las formas de vida de TODAS las culturas del mundo,

    Un ejemplo contrastante de esto es el buen vivir de las mujeres, hace menos de 100 años no podían votar, dudo que el buen vivir de las mujeres sea seguir sin votar, se deben respetar los mínimos aplicables de los derechos humanos.

    Gracias por haber leído la reflexión. Un abrazo a la distancia.

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