Globalización y desarrollo económico de los pueblos indígenas (I)

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Por: Santiago Utitiaj Paati, Nacionalidad Shuar
25 de junio de 2018

Incidencia de la globalización y el desarrollo económico en la vida de los pueblos indígenas, en los aspectos socioculturales, económicos y ambientales

PARTE I

Sin bien para los liberales la globalización y el desarrollo económico conllevan al crecimiento y desarrollo de los países pobres y por ende al mejoramiento de las condiciones de vida de las personas y reduce la pobreza; para los pensadores y cientistas sociales al contrario, agudizan la pobreza, las brechas sociales cada vez son difíciles de cerrar, las asimetrías entre países ricos y pobres son cada vez mayores, los medios de producción están en pocas manos. Para los pueblos indígenas implica el aniquilamiento de las formas de vida tradicional, enajenación de la identidad, lengua y cultura propia, despojo de sus territorios y contaminación de su habitad, exterminio de la biodiversidad, reducción de los espacios para el ejercicio efectivos de los derechos colectivos y la violación de los derechos de la naturaleza entre otros, que generan como consecuencia, la migración del campo a la ciudad con impactos culturales irreversibles.

En lo sociocultural, uno de los efectos que se percibe es el intercambio cultural que amenaza una pérdida en la integridad de las culturas o identidades nacionales de los países participantes. Esta situación muchas veces ha sido orquestada por los mismos Estados a través de sistemas educativos nacionales homogenizantes, monoculturales y uninacionales que conlleva a la castellanización, y por ende a la enajenación cultural. Es decir homogenización producto de la masificación e internacionalización de las nuevas tecnologías de información y comunicación NTICs. Además ha generado conflictos entre las concepciones de la cultura como “civilización» o ‘alta cultura’, promoviendo o haciendo creer que existen lenguas y culturas superiores e inferiores en el mundo, cuando en la práctica son diversas con lógicas, sistemas y epistemologías propias, además permitiendo la adquisición acrítica de elementos culturales de sociedades dominantes cuyo efecto es también la sobrevaloración de lo material por sobre lo social o moral.

Refiriéndose a las lenguas [Yataco, M., 2009], en el mundo contemporáneo se hablan aproximadamente alrededor de 6 mil lenguas, de las cuales aproximadamente cuatro mil se encuentran en serio peligro de extinción, dice la autora, que de acuerdo a Etnologue, en este momento hay 52 lenguas en el mundo, a las cuales se les reporta solo una o dos personas en capacidad de hablarlas, y otras 426 lenguas se encuentran moribundas, con menos de una docena de hablantes cada una. Consecuentemente algunos lingüistas destacados señalan que para el final de este milenio desaparecerán alrededor de unas 3.000 lenguas. Este fenómeno se ha acelerado considerablemente en los últimos 200 años, afectando principalmente a las lenguas indígenas de varios continentes, pero en especial a las lenguas indígenas de América y Australia. Los factores serían muchos, sostiene que hay cuatro razones: la globalización, la informática, la racionalización y la migración[1].

En este contexto, el Ecuador no es la excepción, pues existen también lenguas de las nacionalidades en proceso de desaparición como es el caso de las lenguas sapara, tsa´fiki, awapit, baikoca y aingae. Los nuevos conceptos relacionados a la ciencia y tecnología, conllevan a la castellanización de las lenguas indígenas en la comunicación diaria. La situación es igual con las lenguas consideradas mayoritarias como son el runa shimi y el shuar chicham hoy reconocidos en la Constitución del 2008; este proceso de castellanización produce un proceso acelerado de pérdida de la  lengua propia, y por ende la identidad, la cultura y el pensamiento propio.

Por otro lado, se sabe históricamente que la globalización ha “promovido” el etnocidio, siendo los más afectados los pueblos indígenas de América, por ejemplo, en 1581, Felipe II había afirmado, ante la audiencia de Guadalajara, que ya un tercio de los indígenas de América había sido aniquilado, y que los que aún vivían se veían obligados a pagar tributos por los muertos. El monarca dijo, además, que los indios eran comprados y vendidos. Que dormían a la intemperie. Que las madres mataban a sus hijos para salvarlos del tormento en las minas (…) La plata y el oro de América penetraron como un ácido corrosivo, a decir de Engels, por todos los poros de la sociedad feudal moribunda en Europa, y al servicio del naciente mercantilismo capitalista los empresarios mineros convirtieron a los indígenas y a los esclavos negros en un numerosísimo «proletariado externo» de la economía europea[2].

A  nivel económico ha generado la erosión del papel del Estado en la economía a través de la creciente privatización de los sectores económicos, auge de la empresa multinacional y decaimiento de empresas estatales. De ahí que,  las multinacionales han invadido y siguen notablemente en los territorios de los pueblos indígenas a vista y siniestra del mismo Estado y las autoridades del gobierno de turno, amenazando, las condiciones de trabajo -incluyendo salarios- y la sobreexplotación del medio ambiente. Esta situación en el Ecuador es evidente con la explotación petrolera y minera en los territorios Kichwas, Huaorani y Shuar; en el norte y sur de la Amazonía ecuatoriana.  Por otro lado, desprotege los empleos de menor calibre económico y lleva al abandono de intentos organizados de promover progreso y justicia social; muchas veces generando conflictos sociales y choques culturales irreparables.

Los excedentes por ingresos petroleros han sostenido el presupuesto general del Estado por más de 40 años, y se ha logrado extraer alrededor 40 mil millones de barriles de petrolero y con un ingreso promedio de 90 mil millones de dólares[3]. Sin embargo, donde se ha explotado y se sigue extrayendo el crudo, es decir en el territorio indígena de la amazonia, el mapa de pobreza no han sido reducidos, sigue en peores condiciones que antes, cuyo índice (pobreza) llegó al 59,74% en 2006 y la extrema pobreza al 39,69%[4]. Estos datos incluyen a la población mestiza de la Amazonía, lo que significa que la pobreza y la extrema pobreza en las comunidades indígenas son más altas, basta con saber que, el ingreso económico diario de la gente de la zona de influencia de los bloques petroleros es de menos de 1 USD, y los temas psicosociales aún no se han resuelto. En la última década a habido mayor bonanza petrolera, sin embargo, no se ha revertido del mapa económico de los habitantes de la zona (pueblos y nacionalidades), al contrario, la deuda externa del Ecuador ha incrementado en demasía y está en aumento.

Como se puede notar, con este modelo económico de desarrollo, no se ha podido superar el modelo de exclusión en educación, la salud, la vialidad, la vivienda, la investigación tecnológica, el empleo y la reactivación productiva en las comunidades indígenas; peor aún, no se ha generado políticas públicas y modelos económicos alternativos que tenga que ser institucionalizado de tal forma que todos sean parte activa de la construcción del progreso y desarrollo sostenible del país. Aunque en la Constitución se garantiza los derechos de la naturaleza en la práctica se hace otra cosa. Se pudo haber desarrollado y se puede establecer una política social articulada a una política económica incluyente y movilizadora. Por ejemplo, que el Estado garantice como derechos fundamentales la salud y la educación propia devolviendo la rectoría del SEIB a los titulares de los derechos colectivos, el ambiente sano sin contaminación, legalizando sus territorios ancestrales (continuará….).

Yumíksajrume – Yupaichani.

[1] Cfr. Yatacaco Mirian. La Diversidad Lingüística Amenazada, 2009.

[2] Cfr. GALEANO, Eduardo. La Venas Abiertas de América Latina. Uruguay, 1970, pp. 33.

[3] Cfr. Acosta, Alberto. Maldición de la Abundancia, Quito, 2009, pp. 45.

[4] Cfr. SENPLADES. PLANEX 2020. Quito, 2006, pp. 36.

 

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