Comunidades indígenas del cantón Colta, Chimborazo: sombras del régimen de las haciendas

Héctor Valente[1] 16-03-2018

Especial para Riksinakuy

Introducción

El presente ensayo analiza la actual situación social y económica de la población indígena, tomando el caso de las comunidades pertenecientes al cantón Colta, en la provincia de Chimborazo. ¿Cuál es el contexto social y económico de las comunidades indígenas post-régimen de las haciendas? Es la pregunta que guiará el desarrollo del presente trabajo.

La reflexión consta de tres partes: se describe la problemática social y económica de las comunidades indígenas de Colta; segundo, se realiza un análisis histórico que determinó la situación actual; y, finalmente se concluye con algunas reflexiones que permita aportar al tema expuesto.

Descripción de la problemática social y económica

Godelier (1974) menciona que la antropología económica estudia las relaciones sociales que se dan en una determinada sociedad. Es decir, el asunto del estudio está en entender esas relaciones sociales de producción respecto de la utilización y como se distribuyen los factores de producción.

Por lo tanto, la antropología económica centra su estudio no en una persona, sino, en las relaciones sociales donde el individuo no es más que un soporte. Esto ayuda a comprender y estudiar las diferentes culturas y sociedades respecto de sus prácticas y sus efectos. De esta manera la idea de la antropología es estudiar una determinada característica particular de las sociedades (Godelier, 1974).

En éste sentido, la situación actual de las comunidades de Colta, no está aislada de los procesos históricos que se han dado en el país y específicamente en éste territorio. La actual situación social y económica de los indígenas post-régimen de la hacienda, responde en mucho a los procesos de vida vivida en las haciendas y las posteriores reformas agrarias que se dieron en el país.

El cantón Colta, está ubicada en la provincia de Chimborazo, cuenta con 44.971 habitantes, de los cuales el 87.38% de la población es de origen indígena, distribuidas en 115 comunidades. La mayor parte de la población es joven en edades que van desde los 5 a 34 años, siendo la más representativa la población que se encuentra entre los 5 a 19 años (INEC, 2010).

En lo económico, la principal actividad productiva se concentra en la agricultura y ganadería (PDOT, 2014). Sin embargo, la mayor parte de la producción es dedicada al autoconsumo y un pequeño porcentaje a la comercialización. Esto en gran parte, obedece a las pocas hectáreas de tierra cultivable que queda en éste cantón: 20.66% exclusivamente dedicada a la ganadería y tan solo un 14,78% de tierras aptas para la producción. A esto se suma que la mayor parte de tierra, tanto la dedicada a la ganadería como a la producción agrícola, están organizadas en pequeñas parcelas menores a cinco hectáreas (PDOT, 2014).

Otro dato importante, es que Colta es considerado el segundo cantón de la provincia de Chimborazo con el más alto índice de pobreza (93,30%) y de extrema pobreza (77.40%) por necesidades básicas insatisfechas – NBI (INEC, 2010). Es decir, la población de éste cantón no tiene aún resuelta la cobertura de los servicios básicos tan importantes como agua, salud, educación, que debería ser un derecho de todos los ciudadanos sin distinción alguna.

Análisis histórico que determinó el contexto social y económico actual

Remitiendo a la historia, Borchart de Moreno (1998) menciona que la hacienda se conformó y se extendió a lo largo del entonces conocido Reino de Quito, en la época colonial, entre los siglos XVI – XVIII. En principio, los encomendaderos y los terratenientes de origen español son quienes concentraban el poder económico, realizando una explotación agrícola muy importante, ya desde entonces el indígena estaba en condiciones de inferioridad.

El proceso de independencia iniciada en Quito y Guayaquil por los criollos a principios del siglo XIX en contra de los Realistas, terminaría con expulsar definitivamente con el reconocido triunfo en Pichincha, en 1822. A partir de entonces, Quito, Guayaquil, Cuenca pasaría a formar parte de la Gran Colombia, liderada por Simón Bolívar, un criollo y hacendado que soñó con construir una república independiente de España.

Sin embargo, todos los esfuerzos por formar la gran nación en América, fruto de intereses locales terminó fraccionándose en varios estados independientes. En nuestro caso, en el año de 1830, Quito, Guayaquil, Cuenca se separa de la Gran Colombia para formar una República independiente con el nombre de Ecuador.

Todas estas pugnas políticas, no cambió las relaciones entre los grandes terratenientes y los indígenas. El traspaso del poder sucedió únicamente en las élites económicas y políticas, pasando de la Corona Española a los nuevos gobernantes de la nueva República.

A partir de 1830, el régimen de la hacienda siguió tal cual, reproduciendo las mismas condiciones de trabajo precario. Guerrero (1983) menciona que, en esta etapa existían al menos cuatro clases de trabajo dentro de las haciendas, organizadas fundamentalmente por el terrateniente: los huasipungeros yanaperos; los arrendatarios y partidarios de trabajo; partidarios arrendatarios; y, peones libres o empleados.

De acuerdo a Tuaza (2010) todas éstas condiciones de trabajo se pueden observar en las investigaciones realizadas en Colta. Trabajos que prácticamente estaban vigentes hasta los años de 1970 (Pleno siglo XX).

Durante el ocaso del régimen de las haciendas, entre los años 1940 y 1970, las comunidades de Colta aún vivían al margen del estado, excluidos por la sociedad blanca-mestiza. Una parte de la población vivía dentro de las haciendas, con un pequeño huasipungo otorgado por el dueño. La otra parte de la población estaba ubicada en los denominados añejos, aparentemente libres, pero totalmente excluidos, sin ningún apoyo del estado, donde el hacendado con su poder económico y la iglesia con su poder religioso, tenían el dominio político y social en este territorio (Tuaza, 2010).

Puedo señalar al menos tres condiciones que motivaron que el régimen de las haciendas lleguen a su ocaso: primero, los levantamientos y reclamos de los indígenas y campesinos que eran frecuentes, se organizaron y tomaron más fuerza en los primeros años del siglo XX; las políticas agrarias y las consecuentes reformas agrarias surgieron efecto, en especial el censo agrícola de 1954 mostró una radiografía de la enorme desigualdad en cuanto a distribución de tierras que se daba en la serranía, lo cual desembocó en una serie de políticas agrarias que culminó finalmente con la Reforma Agraria de 1973 (Barsky, 1984); y, la presencia de un sector de la iglesia católica creyente en la doctrina social de la iglesia y la iglesia evangélica que fomento los criterios de libertad, educación y propugnó por una vida digna de los indígenas, particularmente en Colta (Tuaza, 2010).

Con todos estos antecedentes y la expedición de la ley de Comunas realizada en 1937, las comunidades de Colta, empezaron a organizarse de una manera independiente sin la presencia de los terratenientes y del estado, de manera autónoma.

De acuerdo a Tuaza (2010) la conformación de las comunidades y la distribución de las tierras de hacienda, lejos de ser apoyada por el estado (A través del IERAC[2]), se financió con recursos propios de los indígenas, donde muchos debieron endeudarse para comprar los terrenos de propiedad del terrateniente. No hubo apoyo del estado para financiar la producción y una transición ordenada en cuanto a la producción agrícola, lo que terminó generando la parcelación de tierras y una disminución importante en la producción agrícola de la zona.

Las comunidades por tanto se conformaron como repúblicas pequeñas e independientes, buscando por su lado el acceso a financiamiento para proyectos de agua potable, carreteras, financiamiento a producción etc. El municipio poco hizo para alentar la producción y la búsqueda de soluciones para dotar de servicios básicos y el apoyo en la construcción de infraestructuras productivas. A pesar de los años y los enormes esfuerzos de las comunidades, hay muchas deudas pendientes aún, tal como muestran las estadísticas oficiales presentadas al inicio del artículo.

Por lo tanto, como manifiesta Guerrero (1983) la situación presente son un efecto de las relaciones históricas y en tanto que tales, revisten también una especificidad propia. Por tanto, es importante aprender del pasado, diagnosticar el presente y proponer alternativas claras con visión de largo plazo, apoyándonos en las nuevas iniciativas económicas planteadas, por ejemplo, desde la Economía Social y Solidaria.

Reflexiones finales

En Colta, aún está presente las sombras que dejó el régimen de las haciendas. Aún están presentes los rezagos de ese sistema que después de casi 50 años no se ha podido superar de manera planificada y ordenada, priorizando la producción pecuaria y agrícola que es fundamental en esta zona.

Producto de toda esta relación histórica, las comunidades han asumido un papel de repúblicas independientes hasta ahora. Esto supone, que se organicen de manera independiente, buscando sus propios recursos para posibilitar el acceso a servicios básicos como el agua potable y la infraestructura de apoyo a la producción.

El Gobierno Autónomo Descentralizado de Colta, ha planificado (en papel) pero sin llegar a ejecutar acciones que cambien la realidad del territorio, razón por el cual la pobreza medida por NBI, supera el 90% en éste cantón.

Es necesario y urgente, generar políticas de Economía Social y Solidaria, donde prime la cooperación, la solidaridad, y donde el estado local básicamente reconozca y apoye las distintas formas de organización y producción comunitaria, realzando las prácticas productivas y sociales.

Finalmente, es importante que las comunidades, el Gobierno de Colta en coordinación con el Gobierno Provincial de Chimborazo y los diferentes estamentos del estado, se preocupen su enfoque en dos asuntos: políticas de producción agrícola y pecuaria para mejorar la situación económica, y segundo, políticas para disminuir la pobreza a través de la dotación de servicios básicos de calidad, adecuadamente financiada y con modelos de gestión sostenible.

Bibliografía

De Lara, F. B. (Ed.). (2010). Transiciones y rupturas: El Ecuador en la segunda mitad del siglo XX. Flacso-Sede Ecuador: Concepciones del estado y demandas de las organizaciones campesinas e indígenas (1940 – 1960), 465 – 513.

Barsky, O. (1984). La reforma agraria ecuatoriana (Vol. 3). Quito: Corporación Editora Nacional.

Guerrero, A. (1975). La hacienda precapitalista y la clase terrateniente en América Latina y su inserción en el modo de producción capitalista: el caso ecuatoriano. Quito: Escuela de Sociología de la Universidad Central del Ecuador.

Borchart de Moreno, C. R. (1998). La Audiencia de Quito: aspectos económicos y sociales (siglos XVI-XVIII). Quito: Ediciones Abya-Yala.

Godelier, M. (1974). Economía, fetichismo y religión en las sociedades primitivas (No. 04; GN448. 2, G6.).

[1] Estudiante de la Maestría de Economía Social y Solidaria del Instituto de Altos Estudios Nacionales – IAEN

[2] Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización – IERAC: Encargada de la planificación y ejecución de la Reforma Agraria.

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