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En las comunidades: Volver a vivenciar el Pawkar Raymi

02 Feb
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Juan Carlos Illicachi

Por: Juan Carlos Illicachi

Volver a vivenciar el Pawkar Raymi, Carnaval Puruhá, en las comunidades

El Pawkar Raymi o Carnaval como popularmente se le conoce, en los últimos tiempos de a poco ha ido perdido la vivencia comunitaria. Se ha reducido y se ha limitado a las grandes concentraciones populares, conciertos de música nacional, desfiles y comparsas parroquiales y cantonales, que no ayudan mucho a mantener viva la cultura comunitaria Puruwa.

Es notorio y visible, la gente ha perdido el contacto, la relación con las prácticas culturales de la comunidad, la familia y la naturaleza. Los eventos masivos han conducido a la población a ser meros espectadores, pasivos y sin ninguna participación activa. A diferencia de la vida comunitaria donde sí se vivencia con mayor intensidad y significación.

Estas y otras razones han motivado para compartir una experiencia acumulada como resultado de una vivencia mantenida junto a los padres, abuelos y los pocos taitas que aún quedan en la comunidad. Aspiro que esto sirva para entender con mayor profundidad la importancia de revitalizar y volver a vivenciar el Pawkar Raymi o Carnaval de manera activa.

En las comunidades esta fiesta se vivía fuertemente durante varios días, no era algo específico como los eventos masivos de hoy. Los taitas, las mamas, los huambras y los comuneros, preparaban todo lo necesario con semanas de antelación, buscaban lo mejor, los personajes, los trajes, los instrumentos y los canticos para el carnaval.

Dependiendo del sector hay una diversidad de personajes algunos similares y otros con sus particularidades. Por ejemplo uno de los personajes más representativos en la comunidad de Puesetús Grande de la parroquia Flores era el Wiracocha. Un personaje que llevaba consigo varios implementos, como el sombrero, cintillos de colores, el zamarro, la makana y el aziel. Este último como símbolo poder y fuerza para los posibles combates carnavaleros y peligros que se presentaren en el trayecto.

Llagado la hora cero, previos al inicio del recorrido, se organizaban en grupos de dos, tres, cuatro o más personas. Se ponían sus trajes, realizaban una ruta y afinaban sus instrumentos. Eran muy hábiles para entonar el rondín, el rondador, el pingullo y el tambor. Habían los experimentados, lo más antiguos, quienes dominaban los canticos, los versos y la poesía. Los abuelos cuentan que estas personas llegaban a dominar más de 24 tonos, especialmente en el rondín.

Visita de casa en casa

Este es el momento más esperado, el momento de vivenciar, la hora de visitar a la familia, al compadre y a los vecinos de las diferentes comunidades aledañas. Los carnavaleros generalmente una visita lo dividían en tres momentos: uno de entrada, el desarrollo y la salida.

El primer momento, el de entrada, caracterizada en sus cantos por el saludo a las mamas, a los taitas y a la familia a quienes visitaban, como símbolo de consideración y respeto, entonaban y cantaban con mucha emoción.

El segundo momento, se produce el encuentro con la familia, el intercambio de cánticos, los alimentos y las bebidas. La chicha de pipa fermentada desde hace algunas semanas, el cuchi cara (el cuero de chancho), el cuy, las papas, entre otros alimentos que siempre estaban presentes en cada vivienda para el visitante, especialmente si era una persona allegada o importante de la comunidad. Eran momentos donde aparecían los cantos relacionados con la bebida, la comida y la atención.

Durante la visita, los instrumentos y los trajes se constituyen en elementos culturales muy importantes que dinamizan el ambiente, por lo que los Wiracochas en sus cánticos siempre hacían referencia.

En esta no faltaba más, eran tiempos de enamoramiento, los jóvenes con sus canticos, bailes y la entonación de instrumentos buscaban enamorar a las chicas. Aquí aparecían las disputas entre grupos de jóvenes por demostrar sus habilidades.

Llega el tercero momento, el de la despedida de la casa, también toda una poesía. Los carnavaleros agradecían la atención brindada y se retiraban para continuar su camino.

Con estos cánticos termina la visita a una primera familia, toda una vivencia holística, llena literatura oral, saberes y conocimientos. Pero la fiesta no quedaba ahí, los canticos no paraban, pues tenían frases para todo. En su trayecto cantaban a los lugares, a los peligros, a las chakras, a la noche y al día. Con todos estos elementos los Wiracochas se llenaban de fuerza, ánimo y energía para no desmayar y seguir en la larga lista de vivencias que les esperaban en las comunidades.

Este el relato de una experiencia, de un sector y de una comunidad específica, donde se ha visualizado una gran riqueza cultural del Pawkar Raymi o carnaval, que hoy se ha visto reemplazada, al igual que en la gran mayoría de las comunidades de la provincia de Chimborazo, por el aparecimiento de las concentraciones masivas y de elementos culturales ajenos a lo comunitario y vivencial.

Es necesario entrar en un proceso de revitalización y apropiación, retornar a las prácticas culturales propias de las comunidades, empezar a vivenciar con la música, los ritmos, los canticos, los trajes, los instrumentos y especialmente a mantener esa la relación del runa con el ayllu, la comunidad y la naturaleza. Será la única la alternativa para conservar la cultura viva, que se han mantenido y se ha reproducido históricamente a través de la tradición oral.


En las comunidades: Volver a vivenciar el Pawkar Raymi, entrega especial que realiza Juan Carlos Illicachi en Chushik, programa intercultural de Pichincha Universal 95.3 FM y 94.5 FM. 02-02-2018.

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Publicado por en 2 febrero, 2018 en Categoría

 

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