Kaypimi Kanchik: Imapak ¿Para qué?

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Por: Verónica Yuquilema

Mishukuna apamushka hatun llakikunata yallishpa, ñukanchik tayta mamakuna, yachachun munayta paktachishkakuna. Mishukunapak yuyayta katik yachay wasikuna kashpapash, paykunaka yachayta kushkakunami, “título académico” nishkakunata apashpa purikunchik, shinapash, tapurini imata chay yachashkawan rurakunchik, imapak kaypi kanchik: yachak kanchik hatunyankapakllachu. Kullkiyuk tukunkapakllachu

Nachu, ñukanchik runa kawsayta sisachinkapak, hatunyachinkapak kaypi kanchik. Kay hawa, asha yuyaykunata karanata munapani.

El siglo pasado relevante por las luchas anticoloniales lideradas por nuestros padres dieron como resultado la primera ola de profesionales con una sostenida memoria histórica, ellxs palparon de primera mano el racismo y el machismo feroz que primaba en la época, que en algunos casos les permitió fortalecer su identidad como runa y en algunxs otrxs, renegar de la misma.

Consciente de ese camino de luchas y siendo beneficiaria de ésta y las generaciones que les antecedieron, me pregunto: ¿Para qué estamos aquí? ¿Cuál o cuáles son nuestros compromisos con el largo camino recorrido por nuestros abuelos y abuelas?

Quienes hemos tenido o aprovechado las oportunidades que se han ido abriendo para educarnos pienso, equivocada o acertadamente, que tenemos el deber ético y político de contribuir y retribuir a ese esfuerzo colectivo desde acciones concretas y decidoras para la existencia de nuestras culturas, más allá del envase o la etiqueta indígena, del que nos hemos visto favorecidos.

  1. Las lenguas: ñukanchik shimikunata kuyapashun, rimapashun, killkapashun, sisachipashun, ama wañuchishunchik. Entreguemos el mismo esfuerzo y cariño que damos a lenguas extranjeras, para recordar y reaprender nuestras lenguas maternas. Todas las lenguas son lenguas de pensamiento, al morirse una, muere la historia de toda una cultura.
  2. La tierra: volver a nuestras comunidades y re-centralizarlas como nuestras, sería la utopía; sin embargo, no siempre es posible. Entonces, al menos, no la desvaloricemos y en lo posible recurramos a propuestas que vienen impulsándose en la ciudad con los huertos familiares o huertos urbanos. No nos neguemos a sentir el calor de la tierra en las manos y a concienciar del valor (no monetario) de los alimentos y sus fuentes.
  3. La vestimenta: heredemos el anaco, chumpi, blusa, wallka, manilla y sombrero; trenza, poncho, pantalón y sombrero a nuestros hijas/os, hermanas/os y nietas/os, que ellos y ellas la puedan lucir, sintiendo que son el símbolo de un legado histórico de sabiduría, valentía, belleza y amor y, no sólo de dolor.
  4. El conocimiento de quienes quedan en las comunidades: otorguemos el valor suficiente y merecido a quienes están cuidando de los campos dejados por nosotras/os, no permitamos que el “cartón” nos segue. Agradezcamos, innovemos y valoricemos los años de vida y de conocimientos acumulados.

La preparación en la academia hegemónica nos ha permitido acceder cada vez más a distintas formas de vida globalizante y no hemos sido inmunes a la lógica mercantilista que nos bombardea los 365 días del año; no obstante, es nuestro reto contribuir a la construcción de comunidades sociales igualitarias y dignas en comunión con la Allpamama.

La apuesta sería hacia profesionales runakuna dueñas/os de sí mismas/os, pero también potenciadores y potenciadoras de la memoria histórica e identitaria de ayer, hoy y mañana. ¡Ushanchikmi!


Kaypimi Kanchik: Imapak ¿Para qué?, artículo de Verónica Yuquilema, en Chushik de Pichincha Universal 95.3 FM y 94.5 FM. 30-01-2018

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