La homogeneización industrial del gusto

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La transnacionalización de las ideologías

Por: Arturo Muyulema / 23-01-2018

Hay un adagio popular “somos lo que comemos” o “el gusto entra por los ojos”, algo de eso sucede en la sociedad de consumo y de mercado (muchas veces sin darnos cuenta), se ha establecido un discurso social de la modernidad – juventud y estética. Nos venden la alimentación como “mercacías”, la marca (el marketing de la agroindustria) juega un rol decisivo en la construcción del lenguaje de consumo, principalmente en las generaciones actuales, que se ven atrapadas por el mundo dominado por el reloj en detrimento del espacio y la convivencia. Cada uno debemos responder si esa homogeneización del gusto es voluntaria o involuntaria?

El mito de la modernidad está expandiendo a un ritmo alarmante en nuestras costumbres y hábitos alimentarios. Resulta paradójico que aún en las comunidades indígenas alejadas, en los bares de las escuelas o una tiendita de la esquina ofrezcan coca cola, cachitos, chupetes, galletas y otras “golosinas” a nuestros niños, comúnmente llamada “comida chatarra”. A la larga, esto repercutirá en el cambio de la matriz alimentaria de las culturas andino amazónicas o más sencillo, en nuestros hábitos alimentarios.

Vuelvo al espacio de nuestros pueblos indígenas, cada vez con más presencia en las urbes e incontenible migración de nuestras comunidades. Aquí recuerdo a un amigo de Cajamarca que tiene su consigna de vida “si bebes agua recuerda la fuente”. Al menos, tengamos esa conciencia cuando tomamos agua en las ciudades, donde la proliferación de agua embotellada a cuenta de “calidad” y “seguridad” estamos “obligados a consumir”, fíjense esas palabras.

¿Cuál es nuestra vía de escape? Nuestro país, nuestras comunidades indígenas tenemos el reto de generar la autosuficiencia alimentaria, la autoestima por recuperar nuestra cultura alimentaria ancestral y el patrimonio alimentario ecuatoriano. Es nuestro deber la recuperación de semillas nativas y cultivar nuestras propias chacras, ojalá quienes podamos volver a nuestras comunidades a seguir sembrando nuestras semillas, a no perder nuestra cocina y la pertenencia a la comunidad.

Nuestra consigna, depende cada vez menos de productos “industrializados”, es decir “importados” de fuera y generar la autosuficiencia alimentaria, a recuperar el concepto de saberes y sabores de nuestra cocina, a respetar el espacio sagrado de la hora de comida, sin chat, sin celular o “WhatsApp”. Digamos “no al culto a la homogeneización industrial de nuestros gustos”

Ñukanchik ayllupi, ñukanchik ayllullaktapi, kitillaktakunapipash ñukanchik murukunata kuyashun, ñukanchik murukunata tarpushun. Ñukanchik muyukunaka ñukanchik kawsay mamami kan.


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