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Historias que cuentan memorias (Parte I)

05 Ene

ANTUN AYA

Por: Curi Sisa Atupaña

Al atardecer en la Comunidad Puesetús Grande, cuando Luisa y Margarita se quedaron solas en casa; cocinaron entusiasmadas y con mucho apetito: arroz de leche, un postre favorito entre las familias de Chimborazo.

En su mediano cuarto de barro y paja, colocaron en el fuego chispeante, una olla grande cubierta de ceniza negra producto del uso diario. En su interior paso a paso caían los ingredientes. Primero el agua, luego el arroz y por último la leche. Tras un tiempo, ya listo para comer, las dos pequeñas añadieron un toque de azúcar para endulzar su platillo.

A la par que comían, un llamado a la puerta resonaba desde el exterior, era su padre. Por la oscuridad de la noche, no se distinguía con claridad el rostro ni la forma del personaje. Luisa y Margarita con sospecha ofrecieron a su aparente progenitor, la comida recién preparada.

Primer plato servido. El individuo comió rápidamente y pidió un siguiente y siguiente. Uno tras otro desfilaban los tazones. Con extrañeza las niñas se questionaban el por qué de su gran apetito, ya casi se terminaba todo el alimento.

Motivada por la curiosidad, Luisa se acercó a la puerta y quiso encender la luz, inmediatamente el padre dispuso no hacerlo. Ella inquieta por la incertidumbre, hizo caso omiso de la orden y presionó el botón on. ¡Que terrible sorpresa!, era el Antun Aya, un ser deforme y descuidado. Tenía un orificio grande en la garganta que irrumpía el aparato digestivo. Comida que ingresaba por su boca, comida que iba directo al piso sin llegar al estómago. He ahí la razón de su deseo insaciable por comer.

Asustadas las pequeñas intentaron escapar. Luisa, para evadir al ser maligno, subió a la punta del árbol más grande que había cerca de su casa. Ahí reposó durante dos días entre sollozos, rezos y plegarias. Margarita, su hermana, no corrió con la misma suerte. Fue atrapada y devorada por el temible ser, quien incluso utilizó sus huesos frescos para derribar el árbol donde se ocultaba Luisa. El fin era devorarla también.

Tras una intensa noche de terror, Antun Aya, al primer canto del gallo, desapareció del lugar sin conseguir su objetivo, y la pobre niña sobreviviente, tardemente fue rescatada por sus padres reales. 

ANTUN AYA ENTRE LÍNEAS

El escenario descrito caracteriza a una casa tradicional de las comunidades de Chimborazo. Cuando se destaca el postre: arroz de leche, o leche arroz como suelen decir en kichwa, denota que es el plato principal en la cocina de las familias locales; inclusive en la actualidad, aquellos hogares movilizados a las ciudades, siguen conservando este hábito alimenticio.

En el mismo sentido, al describir los elementos interiores de la casa, como la olla cubierta de ceniza negra producto del uso, se está refiriendo a lo que tiene una casa tradicional en el campo o la ciudad, en ciertos casos. De igual forma, el cuarto representa la casa. Es el espacio utilizado para casi todos los usos domésticos. Ahí está el área de descanso, cocina, comedor y sala de estar, es decir no hay una división física entre los espacios sino todos están integrados.

Hoy por hoy varias familias, con economía relativamente estable, realizan construcciones de casas con modelos modernos, donde incluyen división de espacios, formas rectas y planas, uso de materiales industriales y fachadas con colores llamativos, características que definen a las viviendas populares en las ciudades.

A nivel de los nombres, Luisa y Margarita representan la asimilación cultural extranjera para definirse. Pese a que hay un movimiento que reivindica la cultura, hoy es común escuchar en las escuelas con población indígena, nombres como: Michael Guamán, Steven Sangucho, Alexander Atupaña o Yoselyn Cajilema, ¿debemos calificar esto de bueno o malo? ¿Tal vez no es parte del desarrollo de la cultura construirse en el intercambio con otras culturas? ¿Debemos escandalizarnos y negar esa realidad pensando que lo antiguo es mejor? Quizá si, quizá no.

En mi opinión, es más preocupante pensar en las motivaciones que inducen a los padres para dar nombre a sus hijos. En una sociedad violenta, eminentemente discriminadora de la cultura originaria, las motivaciones no podrían ser libre de conflicto. Si existe conflicto en las decisiones, probablemente el equilibrio y armonía de los padres sería inestable hasta caótica. Un tema más para pensar.

Antun Aya es un cuento para conocer, aprender, repensar y transmitir. Este solo es un extracto, la historia completa es más intensa y profunda.


 
1 comentario

Publicado por en 5 enero, 2018 en Artículo

 

Una respuesta a “Historias que cuentan memorias (Parte I)

  1. huamancito65

    5 enero, 2018 at 10:08

    Este cuento es tenebroso. La existencia de semejante mounstro debe ser aterradora. Sin embargo esto también se repite en todas las culturas. ¿Cuál sería la función de la existencia de estos seres de maldad?

     

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Historias que cuentan memoriasCuri Sisa Atupaña

A la par que comían, un llamado a la puerta resonaba desde el exterior, era su padre. Por la oscuridad de la noche, no se distinguía con claridad el rostro ni la forma del personaje. Luisa y Margarita con sospecha ofrecieron a su aparente progenitor, la comida recién preparada.

Primer plato servido. El individuo comió rápidamente y pidió un siguiente y así una y otra vez. Uno tras otro desfilaban los tazones, y el individuo no saciaba su hambre. Con extrañeza las niñas se questionaban el por qué de su gran apetito, ya casi se terminaba todo el alimento preparado en la olla que casi ocultaba el gigante cucharón. ¿Qué ocurrió? Invito a leer este cuento.

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